Camino Inca
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Día 15: Machu Pichu

Este día nos levantamos aún más temprano de lo habitual, el sol ni siquiera empezaba a asomar por el horizonte. Salimos  con nuestras linternas para emprender nuestro último día del camino.

Iluminados con pequeños haces de luz, nos dirigimos hacia las escaleras que guiaban hacia la entrada a las ruinas.  Como todo estaba en penumbras y cada uno iba a su ritmo, quedamos que nos encontraríamos todos en la cima. La idea era ingresar al parque todos juntos y que Marco nos cuente sobre su historia.

Con mi amiga íbamos ascendiendo rápido, teniendo en cuenta la indicación de Marco sobre el cupo limitado de la otra montaña, Huayna Pichu.  Fuimos bastante rato juntas, hasta que de repente nos perdimos. Algo muy fácil que suceda, ya que estaba todo completamente oscuro. Esperé un rato, yo llevaba la linterna y me preocupaba que mi amiga estuviera bien. Los caminantes me iban pasando rápidamente y yo pensaba en el sello para la segunda montaña. Al no ver bien, pensé que tal vez ella ya había me había pasado también, así que decidí continuar camino.

Seguí subiendo muy rápido, hasta que me empecé a sentir mal. Me dolía la panza, sentía unas nauseas terribles y tuve que detenerme un par de veces. Unos de los chicos que pasaba me dijo que me mojara la nuca, lo hice y fue terrible. No pude contener mis nauseas entre los árboles. En todo el viaje no había sentido la altura y justo el ultimo día me vengo a apunar. Tenía una bronca. Supongo que habrá sido por la rapidez de la subida. Aflojé mis pasos hasta llegar a la entrada.

Allí busqué a mi amiga, pensando que ya habría llegado pero no veía rastro de ella. Luego de un buen rato la vi llegar. Me dijo que no se quería cansar así que hizo el camino bien despacio. Al ratito de su llegada, vemos llegar un micro lleno de gente. Iban todos limpios, recién bañados y perfumados.  Parecían estrellas de cine en comparación nuestra, que estábamos transpirados, llenos de tierra y agitados. Así y todo, la experiencia de haber hecho el camino no la cambio por nada.

Una vez que estuvieron todas nuestras cabezas, entramos….SI!!!!! lo habíamos logrado! finalmente estábamos por pisar el suelo de la Ciudad Perdida de los Incas.

Antes de empezar el recorrido, pasamos por los baños para al menos limpiarnos las caras y las manos. En las ruinas no hay ningún baño, sólo se pueden encontrar en la entrada.

Una vez dentro, seguimos subiendo escaleras. Es realmente increíble lo alto que construían los Incas. Para nosotros era todo un desafío poder llegar, algo que tal vez realizaríamos una sola vez en la vida. Para ellos en cambio, subir todas esas escaleras, o los senderos en medio de las montañas, era algo de todos los días.

Llegamos al punto de reunión, y ahí frente a nosotros: El Machu Pichu… El detalle fue que ninguno de nosotros esperaba no verlo. Porque sí, por las mañanas, está todo cubierto de nubes. Por lo que sólo puede apreciarse una enorme masa gaseosa y gris que todo lo cubre. Mientras esperábamos que se vaya aclarando el panorama, Marco comenzó la explicación. Entre otros datos que nos brindó, nos dijo que la mayor parte de la población en esa ciudad, estaba compuesta por mujeres. Así lo demostraban los numerosos esqueletos que habían encontrado en diversas excavaciones.

Un dato curioso es que, pese a que la ciudad era enorme para ese tiempo, no pudieron encontrar ningún tipo de “residuo humano”.  Ese es otro de los grandes misterios de esta civilización, donde iban al baño?  Otra de los puntos que siguen sin esclarecerse, es qué sucedió con ellos, cómo fue el ocaso de esa civilización? Una de las teorías es que llegaron a escaparse antes de que llegaran los colonizadores y las guerras entre tribus. Es por esto que no hay ningún indicio de batallas en estas tierras.

En medio de la explicación, nos dimos cuenta que la ciudad iba tomando forma. Entre las nubes se empezaba a ver la ciudadela y  los restos de las construcciones. Así fue como llegó el momento para la foto familiar tan esperada, con la ciudad de fondo. Quedaban aún algunos rastros de nubes, pero ya se podía ver claramente el sitio donde estábamos.

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Machu Pichu

 

La explicación siguió entre las ruinas de las casas que los incas solían habitar mucho tiempo atrás. Pasamos por las principales entradas y a lo lejos en la montaña, pudimos ver la puerta por donde se ingresa por el Camino Tradicional. Yo seguía sintiéndome bastante mal, pero eso no me iba a impedir continuar el recorrido. Después de tanto tiempo imaginándolo, no iba a haber mal de altura que me detenga.

Recorrimos enormes muros, donde pudimos apreciar la perfección con la que construían pese a la poca tecnología de la época.  Llegamos a la brújula gigante también hecha de piedra. Luego de una grata explicación para que podamos entender mejor a esta ciudad y sus habitantes, comenzó nuestro tiempo libre para recorrer por nuestra cuenta.

 

Fuimos hacia la otra montaña, el Huayna Pichu, camino que hice muy lento, porque sentía que cada paso que subía me clavaban una espada en el estómago.  Ibamos lento pero seguro, ya que yo cada tanto hacía un stop para respirar. No llegamos a la cima, ya que la escalera por la cual se asciende es sumamente empinada y mi amiga sufre algo de vértigo.  Yo con haber llegado a la base, estaba más que conforme. Sobre todo porque no estaba en mi mejor momento, sino tal vez lo hubiese intentado.

Ya entrado el mediodía nuestros estómagos empezaron a reclamar atención. Así que con unas manos bien lejos de estar higienizadas, comimos los snacks que nos habían dado para la excursión.

 

Recorrimos nuevamente la ciudad, nos sacamos fotos con las llamas que ahora eran las nuevas dueñas del sitio.  Hasta que llegó la hora de ir lentamente hacia la entrada, ya que nuestro viaje estaba llegando a su fin.

El regreso a Cusco fue en tren, así que pudimos ir durmiendo en el camino, con la hermosa sensación que dejan los sueños cumplidos.

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