tren machu pichu
América del Sur,  Diarios de Viajes,  Perú

Día 14: Entrando en la recta final: Aguas Calientes

Nuestro camino hacia Aguas Calientes empezó en camioneta.  Hacia lo lejos podíamos ver como un poderoso caudal de agua brotaba de la montaña y seguía moviendo parte de las rocas arrastradas por el alud.

Comenzamos la caminata hasta la estación de trenes, donde descansamos por un rato y organizamos el día en Aguas Calientes. Esa noche dormiríamos en un hotel y cenaríamos todos juntos a la noche. Los que quisimos por unos 5 soles, pudimos mandar nuestras mochilas hasta el pueblo en el tren, para poder caminar más ligeros.

Por el camino fuimos bordeando las líneas del tren que terminaban en Aguas Calientes. El camino era hermoso, rodeado de árboles y con la bella melodía de los pájaros cantando a nuestro alrededor. Justamente por eso es que no entendíamos a los americanos, que iban caminando siempre a paso ligero enchufados con su i-pods. Lo más lindo de esta travesía es justamente el contacto que se tiene con la naturaleza.

Bordeamos un río y vimos pasar el tren un par de veces. Una de las veces no fue nada grato, en nuestro camino se cruzaron un par de perros callejeros que iban correteando contentos entre nosotros. Se nos adelantaron bastante y vimos pasar el tren.  A lo lejos se escuchó el grito de uno de los perros. Lo peor había sucedido, el tren lo había atropellado. Supimos esto después de unos minutos cuando llegamos al lugar. El pobre perro estaba muy lastimado, nosotras decidimos continuar, porque nos impresionaba mucho la escena. Algunos chicos se quedaron y nos dijeron a las mujeres que continuemos el camino, que ellos luego se unirían. Más tarde cuando los volvimos a encontrar, nos dijeron que tuvieron que sacrificar al perro con el golpe de una piedra. No era justo que siguiera sufriendo y no había mucho más para hacer, ya que estaba muy lastimado.

Durante un tiempo que pareció eterno,  todos seguimos caminando en silencio. El acontecimiento previo nos había afectado más de lo esperado. Así íbamos por el camino, cada uno meditando acerca de la vida y la muerte y las tragedias que en un instante pueden suceder y cambiar el destino, cuando vimos que estábamos entrando en el pueblo. A lo lejos comenzamos a divisar las casitas entres las montañas. Se nos iluminaron los rostros, de repente el cansancio y la tristeza se había evaporado. Al entrar comenzamos a tomar fotos, con el pueblo de fondo.

entrada aguas calientes
Entrando en Aguas Calientes

Marco nos dividió de acuerdo a los hoteles en que nos alojaríamos y fue acompañando a cada grupo en sus respectivos lugares. A nosotras nos tocó habitación con cama matrimonial, el hotel era pequeño y no tenían tantas habitaciones.  Tampoco compartir una cama era algo que nos asuste, no sería la primera ni la última vez. Al menos en Argentina luego de salidas nocturnas cuando los hogares quedan lejos, solemos compartir camas con los amigos que viven más cerca del lugar elegido.

Una vez que estuvimos instaladas en el cuarto, nos dimos un lindo baño, esta vez si con agua bien calentita. Luego de esa refrescante y tan ansiada ducha,  salimos a recorrer el pueblo. Era chiquito, pero muy lindo y pintoresco con sus casas pintadas de colores. En el lugar también había una considerable cantidad de bares y lugares para comer. Por supuesto que  no podian faltar los típicos locales con artesanías. Nos volvimos a cruzar con José Carlos, el peruano que iba con el otro grupo y almorzamos con el. Luego del almuerzo,  mi amiga estaba cansada así que fue a dormir una siesta al hotel. La noche anterior se había quedado hasta más tarde despierta disfrutando el fogón. Yo en cambio me había ido a dormir más temprano. Así que esa tarde salí a caminar. Fui hasta la feria, un mercado enorme con todo tipo de artesanías y otras cosas más. Volví al hotel después de un buen rato entre ponchos y pulloveres de todos colores. 

A mi regreso fuimos a buscar algún teléfono para hacer una llamada, ya que había habido un problema con los pases de entrada al Machu Pichu y a mi amiga no le habían dado el suyo. Le dijeron que a la noche en el restaurant se lo entregarían. El problema de ella fue menor comparado al que tuvo uno de los integrantes del otro grupo. Un chico inglés había contratado el viaje en su país pero sin reservar el tren de vuelta. Esto es muy importante ya que es casi imposible conseguir ticket en el día. Marco hizo un muy buen trabajo al conseguirle su pasaje de regreso. Esto para el era casi vital, ya que de lo contrario perdería su vuelo regreso a casa.

Cenamos todos juntos pescado, yo algo del puré de papas que acompañaba. Después de la cena Marco  nos dio las ultimas explicaciones sobre el último tramo del camino.  Por ejemplo que debíamos estar antes de las 8 para que nos sellen la entrada y poder pasar al Huayna Pichu, ya que el cupo era limitado. La indicación más importante fue que teníamos que madrugar más de lo acostumbrado. Esta vez la caminata comenzaba a las 4 de la mañana. Estábamos todos tan ansiosos, que creo que ni dormiríamos esa noche, así que nadie se quejo del horario.

Luego de la cena grupal, con el grupo que habíamos formado: dos peruanos, un mexicano con su esposa iraní y nosotras argentinas, decidimos dar un brindis. Yo además lo que quería era comer una pizza ya que estaba con bastante hambre después de haber caminado todo Aguas Calientes.

Fue una noche única, todos reunidos brindamos por lo que casi habíamos logrado, tan próximo ya, que era imposible no emocionarse.

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