Salkantay
América del Sur,  Diarios de Viajes,  Perú

Día 11: Comienzo del Camino del Inca: Salkantay

Esa mañana madrugamos, desayunamos rápidamente, más por la ansiedad que por el apuro y nos dirigimos al lugar de encuentro. Una Plaza, de la cual no recuerdo el nombre, desde donde salía el micro para comenzar el Camino.

Cusco
Punto de partida – Comienzo Salkantay

El micro era una especie de combi grande, vieja y bastante incómoda. Nos tocó sentarnos separadas. Mi amiga tuvo suerte y le tocó de compañero de asiento un peruano bien simpático. A mí en cambio me tocó un asiento terrible, muy roto y estaba rodeada de americanos ruidosos. Como pude, intenté dormir durante el viaje.

Nos detuvimos en un pueblo llamado Urubamba, tomamos desayuno en un restaurante/café bastante improvisado. Esto nos ayudó a terminar de despertarnos y nos dio más energía para comenzar la caminata.

Al terminar, nos reunimos para que nos pesaran las mochilas, ya que había un cierto límite de peso. Los bultos iban a ser acarreados por mulas por lo que no querían que se lastimasen. Este camino lo que tiene de bueno es que solamente el ultimo día hay que cargar las mochilas y el acarreo está incluido en el precio. Claro que en los otros, como por ejemplo el Tradicional también esta la posibilidad de pagar el acarreo de mochilas.

Nos quedamos con nuestras mochilas de mano, agua para el camino y así se dio por comenzada la caminata.

Nos dividieron en dos grupos, ya que en total éramos unos 30. Al pasar los días nos dimos cuenta que la división fue acorde a lo que habíamos pagado. Aunque en realidad a la larga terminó siendo lo mismo para todos, en cuanto a las comidas y los lugares para dormir. Nos acompañaban dos guías, uno iba adelante y otro atrás para los más lentos y rezagados, entre ellos, mi amiga y yo. Después de caminar unas  dos horas bajo el sol, tomamos un descanso y nos ofrecieron un snack, que eran una manzana, galletitas de agua y creo que un chocolate.

El camino era bastante tranquilo y árido, solo una pequeña cima un poco empinada tuvimos que subir. Los menos arriesgados pudieron optar por una cima menos inclinada aunque llegaron un poco más tarde a unirse al break. Ya estábamos listos para partir nuevamente. 

Al principio del camino no se veía mucha vegetación alrededor. Había muchas piedras bordeando la ruta y a lo lejos podíamos apreciar los picos nevados con sus nieves eternas. Caminamos un buen rato más y luego paramos para almorzar. Los porteros con las mulas iban adelante nuestro a paso rápido. Ellos eran los encargados de tener todo listo para cuando nosotros llegábamos. Desde las carpas hasta incluso la comida, que para lo improvisadas que estaban las cocinas, los platos eran más que deliciosos.  Omelettes, sopa, pollo con arroz, estofado y otras variedades, además de menú vegetariano para quien lo requería.

Esa noche dormimos en un galpón de chapas con las carpas armadas dentro del mismo. Para dormir más cómodos, nos repartían unas colchonetas para darle un poco mas de amortiguación a nuestras bolsas de dormir.

Dentro del lugar había una larga mesa, que fue donde merendamos con pan y diferentes dulces a la tarde y a la noche cenamos. Esa fue la noche más fría, dentro del galpón no se sentía demasiado, pero podíamos darnos cuenta salíamos afuera en busca del baño. Nos dormimos súper temprano, alrededor de las 8.30, ya estábamos todos en las carpas. Nadie se quejó del horario de cama, ya que el primer día nos dejo su cansancio grabado en nuestros cuerpos.

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