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Día 10: El Valle Sagrado

Después de haber disfrutado de un hermoso sueño reparador. Desayunamos café con leche con pan y mermelada en la cocina del Hostel. Nos esperaba un día bastante largo y necesitábamos cargar energías para seguir rodando en la carretera hasta el Valle Sagrado de los Incas.

Pisaq

Esta fue nuestra primera parada: Pisaq. Allí descubrimos su típico Mercado lleno de preciosas artesanías. En este mercado puede encontrarse todo tipo de bordados y artesanía peruana a precios más que accesibles. Los diseños y sus colores son de lo más impactante. Es la perdición para cualquier mujer y por supuesto que no evitamos caer en la tentación. De aquí salimos con varias cositas lindas para regalar y regalarnos. 

Además del Mercado y las compras,  nuevamente pudimos disfrutar de una hermosa vista a las terrazas cultivadas en las laderas de las montañas. Tal como les comentaba en un post anterior, es la forma típica de cultivo por esta zona. Embelleciendo el paisaje sin querer queriendo.

Pisaq

Ollantaytambo

El recorrido continuó por la ruta de Chincheros rumbo a Ollantaytambo. Este lugar es un sitio arqueológico y es conocido también como la ciudad Inca viviente, ya que conserva su antigua estructura: con un centro militar, religioso y cultural. Su ubicación es estratégica, ya que se encuentra en el camino hacia Machu Pichu. Algo que lo convierte en una parada obligada antes de visitar la maravilla.  Esta zona estaba dotada de grandes depósitos de alimentos, muy buenos caminos y puntos de observación astronómica. Porque como casi todas las antiguas civilizaciones, los Incas sabían mucho sobre las estrellas y las constelaciones.

En el lugar una de las construcciones que más sorprende, es su sistema de acueductos para la provisión de agua. Realmente impresionante para su época. Hoy siguen sin conocerse a ciencia cierta cuales eran los lugares de captación del agua.

En una de las montañas, a lo lejos y con algo de imaginación puede observarse una figura. Más conocida por el pueblo peruano como el Equeco. Este personaje era el Dios de la abundancia, la fecundidad y la alegría de origen Aymara. En una de las pendientes, puede intuirse su rostro dibujado. Los almacenes constituyen el cuerpo del Equeco, cargado de cosas como se muestra en todas las figuras que lo representan. 

Tal como la leyenda cuenta, este Dios era representado por una figura humana cargando muchos bultos con alimentos y otros objetos. Es por eso que cuando uno suele ir muy cargado de cosas es probable que escuchemos – Por qué tan cargado, acaso sos un Equeco? Después de haberlo escuchado muchas veces, recién en ese momento, supe el significado de ese dicho.

Tal como en la mayoría de los pueblos, también nos topamos con su correspondiente feria. Donde una vez más elegimos algunos recuerdos para regalar a quienes nos esperaban en casa.

Chincheros

Luego de la recorrida por la mini feria, el viaje continuo por Chincheros. Allí nos detuvimos  en un lugar donde mujeres de la región nos mostraron cómo lograban sus bellos tejidos y bordados. Desde cómo conseguían la lana y cómo la iban hilando manualmente. Luego irían dandole brillantes colores, con la hermosa particularidad que sólo utilizaban distintos elementos naturales. Algunas piedras, un hongo, una flor. De estos elementos ellas lograban extraerle la esencia de su color que luego embellecería sus tejidos. 

Sus productos incluían carteras, ponchos, pulloveres y otros tejidos hermosos, pero no accesibles para nuestros bolsillos gasoleros. Por supuesto un trabajo tan delicado y tan finamente confeccionado se merecía un buen valor.  Nosotras en cambio compramos algunos recuerdos en las ferias que bordeaban la plaza principal.

En esta excursión no pudimos evitar llevarnos algo de cada lugar que visitamos. Si bien puede parecer algo bastante materialista, también es una buena forma de contribuir con los lugareños. Muchos de ellos en gran parte sobreviven con lo que pueden venderles a los viajeros que los visitan.

De regreso a nuestro hogar, es decir nuestro Hostel, el micro nos dejó en el centro. Allí aprovechamos para comprar las últimas cosas que nos faltaban antes de emprender nuestro Camino. Por miedo al apunamiento, compramos oxígeno. Porque sí, para aquellos que no lo sabían, el oxigeno en Peru se consigue en todas las farmacias. El envase en el que viene se asemeja bastante a un desodorante, pero con una máscara gigante que se conecta al envase. Algo que finalmente nunca utilizamos. Mejor que prevenir que curar, según dicen por ahí.

Ya de regreso al Hostel, nos quedamos un  rato en el bar hablando con algunos extranjeros y haciendo un intento por jugar al pool. Ninguna era tan buena y nuestros contricantes parecían bastante más experimentados. 

Sin mucha suerte en el juego, decidimos ir a nuestra habitación, ya que queríamos dormir temprano. Aunque fue una tarea no tan sencilla. Estábamos muy ansiosas y costó bastante conciliar el sueño. La mañana siguiente sería nuestro gran día… El comienzo de nuestro camino del Inca.

 

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