Acantilados
América del Norte,  Costa Oeste,  Estados Unidos

Big Sur

 

Estados Unidos tiene muchas rutas escénicas, tal como suelen llamar por aquí a las carreteras que se caracterizan por pasar a través de paisajes naturales increíblemente pintorescos. De esos que nos provocan unas ganas inmensas de fotografiarlos. Pero que claro esta, ni el mejor fotógrafo del mundo es capaz de capturar tanta belleza y todo lo que la naturaleza del lugar transmite.

En Corona, nos preguntaron sobre los lugares que teníamos planeado visitar. Dijimos que la idea era ir a San Francisco y al Valle de la muerte. Así que nos recomendaron tomar la ruta estatal  número 1, que bordea la costa del Océano Pacífico. De esa forma llegaríamos a San Francisco disfrutando un paisaje maravilloso. Nos advirtieron que siguiendo este camino, el trayecto seria más largo, pero que valdría la pena. Sin lugar a dudas, estaban en lo cierto.

Como originalmente esta ruta no estaba contemplada en nuestros planes y solo la cruzaríamos para llegar a nuestro próximo destino. No investigamos demasiado sobre lo que podíamos hacer y ver por aquí. Algo sobre lo que, una vez que recorríamos la Pacific Coast Highway, nos arrepentimos.

Podría haber sido una gran idea quedarnos al menos un par de días. Pero bueno, cuando uno va viajando y tiene tantos puntos en lugares tan distantes que quiere ver. Es inevitable tener que pasar por alto algunos sitios. No se puede ver ni hacer absolutamente todo. Ni con todos los días de nuestra vida podremos abarcar tantos lugares fantásticos que hay alrededor del mundo. Así que como casi siempre pasa con todo en la vida. Hay que hacer algunas elecciones y priorizar lugares. Lo bueno es que, de no haber tenido esa charla, antes de partir, nunca hubiésemos sabido de este hermoso lugar. Si bien no nos quedamos ni siquiera una noche. Pudimos apreciar la belleza de los acantilados que bordean esta maravillosa ruta.

No llegamos a recorrer esta carretera en su totalidad, pero el tramo que recorrimos fue encantador. La ruta en su parte norte comienza por San Francisco y va pasando por varias ciudades y por algunos parques, hasta llegar a San Diego. Nuestro recorrido incluyó la parte de Big Sur, pasando por el parque estatal Pfeiffer.

Por suerte nos tocó un bello día soleado. Pudimos disfrutar del azul brillante del Pacífico con sus olas desafiando incansablemente las rocas del acantilado. Contrastando con sus colinas pintadas de un esperanzador verde con algunos toques de colores que las flores silvestres le daban.

Al llegar, nos detuvimos unos cuantos minutos a contemplar la inmensidad del océano y la serenidad y paz que otorga. Esto acompañado de unos ricos mates. Luego decidimos ir a un campamento que estaba en la zona para ver si podíamos pasar la noche allí.

Salimos de la carretera y nos adentramos en el bosque hasta que llegamos a la entrada del campamento Big Sur & Campground Cabins. En la proveeduría, la señora que nos atendió nos dijo que lamentablemente no podía confirmarnos si tenía algún lugar disponible. Su servicio de internet no funcionaba y dependía de éste para poder ver las reservas. Nos recomendó otro campamento cercano para poder acampar. Pero tampoco teníamos las cosas mínimamente necesarias, como carpa y bolsas de dormir. Así que nos retiramos algo desilusionados.

Supongo que el destino habrá tenido alguna buena razón para que no podamos quedarnos. Además otra de las cosas que tampoco habíamos tenido en cuenta, era que estábamos en pleno verano. Momento en que los colegiales salen de vacaciones con sus familias y los lugares libres de reserva escasean. Sobre todo en sitios como este.

Como no habíamos tenido un buen almuerzo y ya iba atardeciendo, decidimos pasar por un pueblo cercano. Allí Google maps indicaba que encontraríamos un buen lugar para cenar. De camino hacia este lugar pasamos por un ínfimo pueblo: Lucía, indicaba el cartel. En este pueblo sólo vimos un hotel y un pequeño mercado al pasar. Nos dio hasta algo de gracia que sea un “pueblo”, nunca pensamos que podían llegar a ser tan pequeños.  Al llegar a Gorda Springs nos dimos cuenta que el panorama aquí tampoco era muy diferente. Este pueblo tenía un hotel con cabañas, dos mini mercados, una estación de gasolina, un restaurant y una oficina de turismo. Se podría decir que al menos contaba con todo lo necesario para sobrevivir.

En “The Great Seal Gorda by the sea” saboree un rico fish & chips y como no podíamos continuar  camino por la ruta número 1. Hacía poco tiempo había habido un enorme derrumbe de rocas que cortaron el camino y estaban trabajando aún para solucionarlo. Tras contemplar el sol cayendo sobre el mar, seguimos nuestro camino acompañados con el sonido de las serenatas de los lobos marinos al sol.

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