Cusco
América del Sur,  Diarios de Viajes,  Perú

Día 9: Algo más del Cusco

 

Luego de la tremenda recorrida, que incluyó varios días durmiendo en micros, finalmente llegamos al hostel de Cusco.  Estábamos bastante cansadas, pero felices por todos los lugares que pudimos ver. La verdad es que jamás pensamos que podríamos hacer tantas cosas, en tan poco tiempo.

Tras acomodar nuestras pertenencias en la nueva habitación, salimos disparadas a tomar una ducha.  Mi amiga siendo scout, está acostumbrada a pasar algunos días sin bañarse, pero yo, ay que desesperación! Nunca había pasado más de un día sin ducharme y la verdad que mi cuerpo me lo pedía casi a gritos. Lo bueno de esto, es que me iba preparando para lo que sería el Camino.

Después de una hermosa lucha relajante, dormimos una pequeña siesta, finalmente en una cómoda cama. Llegamos a la madrugada, así que queríamos recuperar unas horas de sueño para luego salir a recorrer los que nos faltaba por ver de la ciudad. 

Nuestra fecha de llegada, coincidió con las Fiestas Patronales.  En la Plaza de Armas pudimos disfrutar de danzas y trajes típicos de cada región. Reinaba un clima festivo en cada lugar. Camino al Mercado de Artesanías, nos cruzamos con un desfile por las calles.  Las mujeres iban vestidas con vestidos de brillantes colores, mucho dorado y plateado.  Aquellas un poco mayores iban con unas polleras enormes y los hombres tocando distintos instrumentos. La alegría de los presentes era muy contagiosa, todos iban sonriendo y luciendo orgullosos sus bellos trajes delicadamente bordados. 

En Cusco, cada una de sus provincias se diferencia por su vestimenta. Algunos son más coloridos, otros en cambio llevan más bordados sobre telas negras que los hacen resaltar. Pero la gran mayoría proviene de telas tejidas en un típico telar. Con el tiempo han ido evolucionando sus formas de producción, como algunos diseños. Sus habitantes tratan de mantener su cultura y mostrar al mundo la belleza de su arte en la confección. 

Luego que el desfile terminó, aprovechamos para recorrer las bellas callecitas empedradas por la noche. No sé si a todos les pasa lo mismo, pero para mi la noche le da un encanto especial a todos los lugares. Ver estas antiguas construcciones iluminadas tenuemente por los faroles es un espectáculo aparte. Además, como está elevada, entre las calles, se pueden ver los cerros iluminados, como si l se hubiesen vestido para la Navidad.  

 

cusco

 

De regreso al Hostel, pasamos sin haberlo propuesto por la famosa calle Hatun Rumiyoc. Esta palabra de origen quechua que significa piedra grande. Aquí se encuentra la famosa piedra de los 12 ángulos. Le pedimos a alguno de los turistas alrededor que nos tomen una foto y uno de los lugareños nos “retó” porque esa piedra no se puede tocar. Pese a que sólo nos acercamos sin rozarla siquiera. Los peruanos son gente muy orgullosa y cuidadosa de su historia. Ojalá los argentinos fuéramos un poco más como ellos. No puedo evitar ese pensamiento. 

 

 

Por la noche pasamos un rato por Mamá África, lugar recomendado también por nuestros amigos peruanos. Estaba frente a la Plaza de Armas, por supuesto, donde la vida en Cusco parece transcurrir. Allí cenamos algo y bebimos un par de tragos. Es un lindo lugar, muy moderno con gente tanto local como extranjera que fácilmente se mezcla. En este bar se puede pedir algo para comer, no demasiado elaborado y también hay mesas de pool, donde se puede hacer alguna competencia improvisada.

Si bien el lugar permanece abierto hasta bien entrada la madrugada, nuestra noche no fue muy larga. Veníamos cansadas por la travesía de los días anteriores y ansiábamos una noche de buen descanso.

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