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Día 7: Paseo por el Titicaca

Islas Flotantes de Uros

Nos reunimos con todos los pasajeros del Tour, hicimos un pequeño trayecto en barquito y llegamos a las Islas de los Uros. A medida que íbamos aproximándonos, el paisaje nos sorprendía. Pequeñas islas con casitas que más tarde nos enteramos están hechas con una planta que crece en el Lago Titicaca, llamada totora.

La gente de la zona utiliza varias capas de esta planta para construir las islas. La primer capa, la más profunda, tiene gran parte de las raíces, mezcladas con tierra. Encima van agregando varias capas de totora verde aún, y en la superficie totora secada al sol. La gente de las islas, construye también sus viviendas con el mismo material. Son casitas pequeñas, que luego de 3 o 6 meses, deben renovar completamente. La totora además les sirve para alimentarse. Tuvimos el placer de probarla, no tiene gran sabor en si, pero nada desagradable tampoco.

En cada isla, vive una familia distinta. El guía bromeando nos decía que lo bueno de esta forma de vida es que si uno tiene problemas con el vecino, levanta el ancla y se va con su islita a otra parte.

La población sobrevive básicamente de la venta de sus artesanías, bordados y artesanías a base de totora. Con lo que recaudan compran alimentos y lanas para realizar sus trabajos. Cabe destacar que los bordados, sólo lo realizan los hombres.

Uno de los habitantes nos invitó a pasar a su casa y muy orgulloso nos mostraba todo lo que poseían. Si bien no era mucho a ellos les alcanzaba para ser feliz. Son gente tan sencilla, tan humilde, que uno podría pasar horas hablando con ellos. Este buen hombre nos contaba que ahora tienen paneles de luz solar, que compran en el pueblo más cercano. Con la energía que generan, les alcanza para escuchar la radio y para que los niños al regresar de la escuela puedan hacer sus tareas.

Con el pecho inflado de orgullo, nos mostraba el cuaderno de su hijo, con sus notas y los dibujos que hacía.  Todos los niños de la isla van a la escuela del Pueblo, donde llegan a remo con sus balsas. Allí aprenden castellano y lo todo lo referente al nivel primario. Su lengua originaria, el Aymara, la aprenden de sus padres.

Antiguamente se iluminaban con la luz de velas, pero varias familias murieron por esta causa. Las construcciones con estas plantas, son altamente inflamables. Hoy gracias a la tecnología solar, pueden dormir seguros.

Dimos un paseo en las balsas típicas con cabezas de animales, obviamente construidas con totora también, como todo por allí. Las mujeres enfundadas en sus típicos vestidos multicolores, nos cantaban al partir, tal como es la costumbre de la zona.

En estas mismas balsas se celebran los matrimonios entre los Uros, los habitantes de las islas. La pareja hace un recorrido en una de estas balsas mientras las familias les cantan desde las islas.

El Lago Titicaca es el más alto del mundo, y ocupa una parte del Perú y otra de Bolivia. Según nos dijeron las islas flotantes sólo se encuentran en el lado peruano.

 

Isla de Taquile y Chincheros

El camino continuó hacia la Isla de Taquile. Desde ella, el punto más alto, puede apreciarse el Lago en todo su esplendor, con el maravilloso color turquesa de sus aguas.

Es un pueblo bien pequeño, que puede recorrerse rápidamente. Sus pobladores son conocidos por los finos trabajos de sus bordados. sus vestimentas de fiestas son de colores negros con bordados de colores impactantes. Los hombres tejen sus propios gorros.

Cada pueblo en Perú tiene su traje típico, tanto para los hombres como para las mujeres. Los hombres hasta que no aprenden a hacer un trabajo de gran calidad en sus bordados, no pueden casarse. Es parte del ritual para entrar a la vida adulta.

Cuando íbamos de subida al punto más alto, mi amiga empezó a sentir el mal de altura. El guía cortó una planta que se encontraba en todo el camino. Su olor era bien fuerte y fue mucho más efectivo que los caramelos de coca, que otros turistas le habían ofrecido.

Mientras íbamos subiendo, lo que nos llamó la atención y nos impresionó bastante, es como se provee a los pequeños locales de la zona. El transporte de carga era a tracción humana. Unos cuantos hombres pasaban con una tela anudada a sus espaldas, haciendo de súper bolsón donde cargaban varios packs de aguas, gaseosas y mercaderías diversas. Es increíble que aún hoy en día, sigan transportando cosas de esa manera, con tanto sacrificio.

De almuerzo, disfrutamos una rica sopa con un vegetal de la zona, la Quinoa, uno de los principales alimentos de los pueblos andinos preincaicos e incaicos. A simple vista podría confundirse con un grano de pimienta negra gigante,  pero no tan picante. De plato principal pescado, que para mi fue un omelet con queso.

Luego de tan hermoso recorrido fuimos nuevamente a Puno, para esperar el micro. Fue nuestro segundo día durmiendo arriba del micro. Esta vez fuimos un poco más inteligentes, y para no sufrir el frío de la noche anterior nos compramos frazadas polares que venden en todas las estaciones, no puede decirse que cómodas, pero esta noche al menos dormimos calentitas.

 

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