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Día 5: Aterrizando en Cusco

Recogimos nuestros bártulos, abonamos lo adeudado, y fuimos a disfrutar nuestro desayuno mientras esperábamos al taxi que nos llevaría al aeropuerto para llegar a nuestro próximo destino: El Cusco!

El taxi estaba demorado, así que aprovechamos para charlar un rato con el chico de la recepción. Nos contó que nunca había visitado Buenos Aires, por lo que mi amiga le dejó una tarjeta del subte para que tal vez pudiera utilizarla algún día o bien conservarla como recuerdo y así nos despedimos esperando verlo algún día por la Ciudad de la Furia. 

Cuando finalmente el taxi llegó, subimos todas nuestras cosas al baúl y otras tantas al asiento delantero y emprendimos viaje camino al aeropuerto. Luego de haber hecho una cuadra, yo me puse a pensar si tenía cambio para abonar, entonces me toco la cintura y me doy cuenta que había dejado mi billetera cinturón, con todo el dinero que tenía para todo el viaje, debajo de la almohada. Del grito que dí, por poco  mato del susto a mi amiga, me pregunta el por qué de mi desesperación y cuando le cuento el motivo, ella hace el mismo movimiento que yo había hecho y se da cuenta que también había olvidado su cinturón con su dinero! 

Rápidamente le decimos al chofer que debíamos regresar al hostel por algo que nos olvidamos. Mi amiga me pregunta cuál era mi escondite, se lo digo al oído y resulta que era el mismo de ella! claramente por algo somos tan amigas! Subió corriendo a la habitación, mientras yo esperaba en el auto, rezando para que nadie haya encontrado nuestros cinturones. Tuvimos suerte que en la habitación esa noche, habíamos sido las únicas huéspedes y que todavía no habían limpiado, por lo que recuperamos todo el contenido intacto. Una vez en el auto ya más tranquila, recordé la frase de la madre de mi amiga: son dos bolu….. otra vez nos pasó lo mismo! 

Llegamos casi con el tiempo justo al aeropuerto, hicimos el check in, pagamos las respectivas tasas y fuimos directo al avión.

Acostumbradas a viajar siempre “en modo gasolero”, es decir gastando lo menos posible y sin muchos lujos, al subirnos al avión empezamos a caminar hacia el fondo, que es donde se encuentra la clase turista, o sea la más económica. Al llegar a la mitad del avión nos pareció raro que nuestro número de asiento era bajo, o sea que no correspondía a la clase que buscábamos sino la que estaba al frente. Nos dirigimos hacia una azafata para preguntarle y si!, estábamos en lo correcto, nos correspondían asientos de primera clase! No podíamos creer la suerte que estábamos teniendo, y todo había sido por ser las últimas en chequearse. Nuestros asientos eran súper cómodos y enormes, donde disfrutamos nuevamente un riquísimo desayuno, con vajilla y cubiertos de verdad!

 

 

Comimos todo lo que nos sirvieron, realmente se notaba la diferencia, aunque ya estuviéramos más que satisfechas, queríamos probar de todo, no siempre ocurre algo así. Mientras desayunábamos fuimos sobrevolando las montañas y luego de un tiempo no muy largo, aterrizamos en destino.

Pese a todo lo que estuvimos preguntando y averiguando durante el tiempo que planificamos el viaje, a ninguna de las dos se nos ocurrió anotar el nombre y dirección de alguno de los tantos Hostels que habíamos estado viendo. Seguramente porque pensamos que iban a ser muy fáciles de encontrar y que todos podrían darnos varias recomendaciones, así que llegamos a la Plaza de Armas, esperando encontrar algún hostel u oficina de turismo donde nos pudieran ayudar. No encontramos ninguna de las dos cosas, por lo que tomamos un taxi nuevamente, pidiendo que nos llevara hacia la zona de Hosteles, algo que el taxista no tenía la más remota idea qué era, pero decidió llevarnos al Casco Viejo de la Ciudad, diciéndonos que allí algo de “eso” seguro encontraríamos. 

Preguntamos en dos hoteles, nos ofrecían buen precio, lindos lugares, pero no era lo que estábamos buscando, quienes viajan en Hosteles seguramente sabrán a lo que me refiero. En estos lugares se respira una energía completamente diferente, donde hay mas viajeros que turistas y donde todos van en plan de conocer no sólo nuevos lugares sino también amigos.

Empezamos a caminar sin rumbo, totalmente cargadas, cada una con una mochila gigante, una mediana y otra más pequeña. Luego de varias subidas y bajadas, cansada de caminar bajo el sol, ví un lugar donde tenían Internet, santa salvación, al fin podríamos encontrar algo y anotarlo esta vez. Después de elegir el lugar, tomamos otra vez un taxi que nos lleve a la Plaza de Armas. Llegamos al Hostel, y ya desde la entrada percibimos un ambiente jovial y distendido; el chico de la recepción era un argentino que se enamoró del lugar y allí decidió quedarse. Contento de escuchar nuevamente nuestro lunfardo querido, nos contó que es imposible hacerle entender a un peruano lo que quiere decir “coso”, una palabra muy utilizada entre nosotros los argentinos, la cual significa mucho y nada a la vez, nos hizo reír mucho con esto.

En la sala de estar, había un par de mesas, y unos puff enormes, ocupados por viajeros tal vez cansados de caminar, tapados con frazadas y viendo El diario de Bridges Jones. Había otra sala donde estaba el bar y una mesa de pool, punto de encuentro por las noches.

Esta vez nos tocó una habitación mixta, pero la primer noche solo estuvimos con chicas. Para llegar a las duchas había que salir al patio, lugar colorido y muy acogedor con varias hamacas paraguayas  donde disfrutar el sol de las tardes.

Esa tarde fue bastante tranquila, caminamos un rato por el centro, fuimos a uno de los tantos bares de jugos que hay en casi todos lados, y por la noche cenamos en el Hostel. Antes de ir a dormir, pasamos un rato en el bar hablando con algunos extranjeros.

 

 

 

Nota:

La línea aerea en la que viajamos fue TACA. El vuelo fue muy cómodo y sin ningún problema.

El Hostel que finalmente encontramos fue: The Point. Pueden ver info aquí. 

 

 

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