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Día 4: Líneas de Nazca, Oasis de Huacachina

Nos despertamos temprano y salimos sin desayunar, algo que más tarde agradeceríamos mucho. Fuimos directo a la estación donde podían contratarse los vuelos sobre las famosas y misteriosas líneas de Nazca. Nos explicaron que habían dos opciones, luego de pensarlo brevemente nos decidimos por el vuelo corto, que incluía un vuelo de alrededor 30 minutos por sobre las líneas más conocidas.

Las avionetas eran pequeñas, tenían lugares disponibles para el piloto, el copiloto y 5 pasajeros. Yo fui a sentarme al fondo de todo, lo cual fue ideal porque podía tomar fotos y filmar hacia ambos lados, ya que mi asiento era el único ahí.

Después de apenas unos 5 minutos de vuelo, nos dimos cuenta lo bien que habíamos hecho en no desayunar, ya que la avioneta subía, bajaba, se inclinaba casi en picada, iba hacia un lado y hacia el otro, nada ideal para un estomago lleno. La chica sentada adelante mío, no tuvo una grata experiencia en absoluto, todo el trayecto estuvo mirando el piso o con la cabeza metida dentro de una bolsa de papel, que había preparada en cada uno de los asientos. Claramente no era sólo ella la que se descompuso en esta clase de vuelo. 

Desde el aire pudimos ver varias figuras, entre ellas: el mono, el loro, el marciano, el árbol, la araña, el cóndor y algunas otras. Su significado sigue siendo un misterio aún. Una de las teorías es que fueron realizadas por extraterrestres y eran guía para el aterrizaje de sus naves, otras teorías menos descabelladas cuentan que eran ofrendas a los dioses, o algún tipo de calendario que tenían los incas para ubicarse en el tiempo y el espacio.

Pese a que tienen miles de años y están a la intemperie, estas líneas permanecen casi intactas, esto es debido a que se encuentran en una de las zonas más áridas del planeta. Aquí llueve casi nada, tan sólo unos 4 mm al año y en general esto ocurre en los meses de enero y febrero, además que el aire caliente y permanente de la zona forma un colchón que impide que los vientos puedan borrarlas.

Después de esta magnífica experiencia, regresamos al centro de la ciudad y desde allí fuimos en taxi hasta nuestro próximo destino.

 

Desierto de Huacachina

Este lugar es un oasis, si, como esos que leíamos en los libros o veíamos en los dibujos animados, donde el personaje principal llegaba casi deshidratado y delirando luego de una larga caminata por las dunas. Este Oasis, se encuentra rodeado por las blancas arenas del desierto peruano, con una laguna de tonalidades verdosas y rodeada por diferentes variedades de árboles, que le da un toque muy encantador.

Tiempo atrás solía ser un balneario bastante concurrido y elegido por algunas figuras del espectáculo locales, por lo que había hoteles, restaurantes y demás. De aquellas épocas doradas hoy conserva alguna de las construcciones. Hoy en día es elegido por los espíritus más jóvenes y aventureros. Como todo lugar turístico del Perú, encontraremos la típica feria de artesanías y algunas tiendas de recuerdos.

Algo casi obligado de hacer en este lugar, es subirse a un Boggie, un tipo de vehículos utilizados durante la segunda guerra mundial, sin techo ni ventanas, ideales para un recorrido por los medanos del desierto.

Para disfrutar más de la aventura, fuimos rápidamente a sentarnos al frente, al lado del conductor, un peruano súper simpático, que nos llevaba a gran velocidad por los medanos, bromeando todo el tiempo, y riéndose a carcajadas de nuestros gritos cada vez que se detenía y descendía a toda velocidad por algunos de los medanos más altos.

Al momento de detenernos, todos tuvimos la posibilidad de practicar sandboarding “de panza”, ya que no teníamos nada más que una tabla casi de cartón para acostarnos y deslizarnos por las dunas. Si lo hacen, vayan preparados para comer bastante arena! Definitivamente es algo para hacer por aquí, se trata de una experiencia más que divertida.

Una vez que todos rodamos por la arena,  continuamos recorriendo el desierto a la vez que disfrutábamos de una vista privilegiada del sol ocultándose entre los medanos

Al anochecer volvimos a Lima. Quisimos recorrer la parte del centro que no habíamos visto, en busca de una fuente de aguas danzantes que se supone muy bella, pero no hallamos el camino más adecuado, ya que nos internamos en una zona bastante oscura, con gente que nos miraba pasar, y que con sus miradas lograban asustar hasta a las almas más valientes. Luego de caminar  un buen rato sin encontrar nada demasiado interesante en el camino, nos detuvimos en un local, donde nos pareció nos podían brindar ayudar y fue recién en ese momento, que nos dimos cuenta que habíamos estado caminando por las calles laterales del  lugar que buscábamos ir. La peatonal principal, en cambio se veía mucho más segura, iluminada y amigable.

Al regresar al Hostel, nos habían cambiado de habitación, a una compartida, donde pudimos dormir muy cómodamente y sin problemas, ya que solo estábamos nosotras dos.

Tips:

Si van a hacer el sobrevuelo de Nazca, lo mejor es ir por la mañana y en ayunas, para evitar mareos y hacer la experiencia un poco más placentera.

Si van a Huacachina, definitivamente tienen que animarse a dar un paseo en boogie, es una experiencia muy divertida!

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