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Parque Nacional de las Secuoyas

Luego de un par de días en la ciudad llegó la hora de volver a tener contacto con la naturaleza; así que fuimos rumbo a conocer el Parque Nacional de las Secuoyas.

Este parque se encuentra al sur de las Sierras Nevadas. El parque es enorme (1789 km), por lo que es difícil recorrerlo sin auto, aunque hay varias paradas de autobuses para poder llegar a los diferentes caminos de trekkings que se pueden hacer en el parque.

Las vistas son increíbles desde los lugares más altos. Se puede apreciar la belleza de las montañas y la naturaleza que las rodea con sus hermosos y vibrantes colores que llenan el alma con una paz incomparable.

Tuvimos la posibilidad de ir dos días al parque. La entrada que uno paga puede utilizarse por 7 días, se puede salir y volver a entrar al Parque el día siguiente, o bien se puede quedar a acampar de noche o dormir en algunas de las cabañas que hay en el parque.

El primer día que fuimos estaba nublado, en realidad, estábamos caminando dentro de la nube. El sentimiento que teníamos, era el de estar en una película de misterio, caminando por el bosque lleno de bruma, donde no sabíamos qué podía pasar. Llegamos a uno de los puntos mas altos, Moro Rock, pero solo pudimos ver un gran escenario blanco donde lo único que se veía era la escalera por la donde subimos y la roca que da nombre a dicha caminata, de haber sido un día soleado, el paisaje desde lo alto, es imponente.

Tal vez la puerta de entrada al cielo sea algo parecido; una escalera de subida con nada alrededor, solo un blanco resplandeciente y una enorme paz a veces interrumpida por el vuelo de un bello pájaro.

Seguimos buscando nuevos senderos entre los arboles gigantes, queríamos ver al más grande de todos: el General Sherman, porque si, este árbol se merece tener un nombre y un alto cargo. Este árbol no es el más alto, sino el más grande en cuanto a su volumen. Tiene 84 metros de alto y otros 11 de diámetro y está considerado como el ser viviente con mayor biomasa del planeta.

Llegar hasta él puede ser algo confuso, ya que los caminos si bien están señalizados, llegamos a un punto donde el camino se abría y no sabíamos por dónde seguir. Por suerte llegaron otros dos caminantes que nos orientaron y nos hicieron saber que íbamos bien, que en un par de minutos llegaríamos a ver al General.

Tiempo atrás se podía abrazarlo, pero ya no más, tiene toda una valla a su alrededor, pero eso no impide que se formen filas para tomarse una foto con el.

El siguiente día tuvimos mucha más suerte, y de camino nuevamente a Moro Rock, pudimos apreciar una de las vistas mas maravillosas que vi en mi vida. Es realmente fascinante lo que la naturaleza nos puede inspirar y motivar. Estando en la cima de una montaña uno puede darse cuenta lo pequeño e insignificante que puede ser y lo fuerte y extraordinaria que la madre naturaleza es.

En este punto tuvimos suerte, porque nos toco un día muy despejado, todo lo contrario al día anterior. Pese a esto, en el aire se pode observar una especia de “polvo” en el aire. Y lamentablemente no era otra cosa que el smog proveniente de Los Angeles. La polución proveniente de las ciudades, queda atrapada en el Valle de San Joaquín, es por esto que a veces las montañas más lejanas no llegan a distinguirse; algo que por suerte no nos pasó.

Cercano a una de las entradas del parque hay un pequeño museo que nos cuenta un poco más acerca de estos árboles milenarios, ya que si, algunos ellos tiene casi 3000 años.

Realmente es una sensación única poder caminar entre seres que están vivos hace tanto tiempo. Todo lo que han sobrevivido, tantas guerras, tanta locura creada por humanos que a veces no saben darse cuenta que las cosas más simples de la vida suelen ser las mejores!

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