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Viernes 13: comienzo de viaje a Peru

Hace ya algún tiempo atrás escribí este Diario de Viajes sobre mi viaje sobre uno de los destinos que más me emocionaron, Peru y el Camino del Salkantay hasta el Machu Pichu. Tuve el gran agrado de compartirlo con una de mis mejores amigas de quien hoy en día también soy comadre.

Releerlo me genera enormes y gratos recuerdos, que espero ustedes también puedan disfrutar…

Hacía como dos años que con mi amiga veníamos planificando este viaje, recorriendo los lugares con nuestras mentes e imaginando una y otra vez lo que sentiríamos al “descubrir” el tan aclamado y soñado Machu Pichu; pero por una u otra razón siempre terminábamos posponiéndolo.

Hasta que llego el momento que por fin tomamos la decisión, el día elegido para comenzar la aventura fue un viernes 13 …. día poco agraciado para las almas supersticiosas, pero nosotras decidimos desafiar los dichos populares y comenzar la marcha este día tan particular.

Mi día no tuvo un muy buen comienzo, ya que la despedida de la noche anterior, me despertó con un fuerte dolor de cabeza y el estomago revuelto; pero como dice el dicho: “sarna con gusto no pica”, así que me levanté temprano para terminar de preparar las ultimas cosas, procurando no dejar nada olvidado. Una vez que todo estuvo listo, el padre de mi amiga me pasó a buscar para ir rumbo al aeropuerto. Habremos hecho unas 4 cuadras, y no sé porque decidí ver en mi mochila, reviso, y me doy cuenta que me había olvidado la billetera!!! Algo muy poco brillante, considerando que en ella tenía las tarjetas que me iban a permitir solventar mi estadía, así que a pegar la vuelta y a volver por lo importante o el viaje se iba a terminar antes de que empiece.

Llegamos a la casa de mi amiga, subió todas las cosas al auto, saludos debidos con las hermanas y la madre, y ahora si al aeropuerto. Ella me pregunta si estoy bien, ya que mi cara, denotaba los efectos colaterales de la noche anterior. Le cuento sobre mi olvido, y ella se da cuenta que había dejado la cámara de fotos sobre la mesa del comedor; así que otra vez a pegar la vuelta.

La madre le alcanza la cámara a mi amiga, al grito de :

-son dos bolu… Traten de no olvidarse una a la otra cuando vuelvan! 

Todos claramente se murieron de risa, viendo lo ansiosas y nerviosas que estábamos por el comienzo de nuestra gran aventura.

Camino al aeropuerto, paramos un par de veces, ya que yo me sentía descompuesta, y bastante mareada, aunque no sabría decir muy bien porque… jeje (cosas que pueden suceder cuando uno se pasa de cervezas la noche anterior…)

Fue una suerte que salimos con bastante tiempo, sino entre tantas idas, vueltas y paradas, hubiésemos perdido el avión. Habrá sido algo del efecto “viernes 13”?

Tras una media hora por la ruta, a medida que nos acercábamos al aeropuerto comenzamos a ver aviones y nuestros latidos cada vez se sentían con más fuerza, habíamos llegado a Ezeiza!

Después de recomendaciones varias, besos de despedida y algún que otro pedido, nos dirigimos a la escalera rumbo a la puerta para comenzar el embarque. La línea Área elegida fue TACA, y el plan era pasar un par de días conociendo Lima y luego hacer la conexión a Cusco.

Una vez que me senté en el avión, preparé mi almohadita de viaje y dormí todo el trayecto, cuanto lo necesitaba…Creo que fue la primera vez que dormí tan bien en un avión, sin importarme el espacio, el cuello doblado o los llantos de algún bebé.

Llegando a Lima, desde las alturas ya podíamos ver las calles y los edificios diminutos, las luces encendidas en las calles. Siempre me gustó mucho ver desde lo alto las ciudades iluminadas, sentirme un poco como Gulliver en el país de Liliput.

Ya en el aeropuerto y con mochila en la espalda, frente y una carterita de mano, teníamos que conseguir taxi que nos llevara hacia el Hostel, lo que no fue tarea sencilla ya que después de tantas recomendaciones, y conociendo el sistema en nuestro país, teníamos algo de miedo en subirnos a cualquier coche, pero  no teníamos otra alternativa, estaba anocheciendo y no conocíamos la ciudad.

Por suerte conseguimos uno pronto y el taxista que nos llevó, muy simpático nos orientó un poco sobre la ciudad y los diferentes barrios. En la entrada del Hostel podían verse varias banderas flameando, como para que no quepa ninguna duda de que era un lugar internacional, tal como su nombre sugería. La recepción era amplia, con muchos cuadros colgando en las paredes y una linda sala de estar con un televisor gigante de pantalla plana. Nuestra habitación quedaba un piso por escaleras, bordeando la piscina; algo pequeña pero nada mal para una zambullida refrescante en los  calurosos días de verano.

La habitación era pequeña, pero acogedora, 4 camas cuchetas y locker para las cosas de valor, con baño propio.Esa noche buscamos sitio para comer, y regresamos temprano, queríamos aprovechar al máximo el día siguiente.

Nota: revisando las fotos, para recordar mejor la historia, me dí cuenta que no nos sacamos ninguna foto antes de partir, o al menos a mí no me quedo ninguna. Así de despistadas estábamos ese día. La foto no es de ese día, pero fue de un viaje anterior que hicimos, donde seguramente habremos estado planeando nuestro viaje soñado, ya que en ese momento era en lo único que pensábamos.

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